La invisibilidad de la pobreza, el peor de los silencios

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Pobreza. Indigencia. Desigualdad. Exclusión. Palabras que últimamente están demasiado presentes en la sociedad argentina. Palabras fuertes, que expresan una realidad que no quiere ser comprendida ni aceptada por muchas personas en el país que, al no estar directamente ligadas a ellas, se sienten desentendidas del problema. Entre estas personas se destacan los jóvenes, quienes no demuestran gran interés por las problemáticas de hoy en día. Ya sea por falta de información, por falta de interés o por un sentimiento de impotencia hacia el asunto, lo cierto es que muchos chicos ven a la solución de la pobreza como algo utópico y prefieren, entonces, cerrar los ojos ante esta situación.

Yo por mi parte, desde mis quince años, no creo que nosotros tengamos un truco bajo de la manga, ni soluciones mágicas. Pero sí creo que lo primero antes de intervenir, es conocer. Conocer significa informarse; conocer significa no aislarse de esta realidad que, aunque dolorosa, existe. Una realidad que depende muchísimo de todos nosotros para progresar.

Muchos estamos acostumbrados a ir al colegio todos los días, a la seguridad de llegar a casa y encontrar comida, al hecho de que si nos enfermamos vamos a poder contar con un médico que nos diga cómo curarnos, a estar en contacto con la tecnología constantemente. Pero en las profundidades del interior de la Argentina, una gran parte de los chicos no asisten a clases, casi la mitad de su población vive en la indigencia, pocas casas cuentan con la infraestructura debida y, con mucha suerte, sí tienen un puesto médico ambulante en la zona. Ni hablemos de su relación con la tecnología: hace poco vi un documental en Telenoche en el que quedaba en evidencia que muchos chicos ni siquiera vieron una computadora en vivo y en directo en toda su vida.

Lo que más me afecta de todo esto, como persona, es conocer gente que lo tiene todo: comida, casa, familia, cuatro televisiones y tres computadoras, y a pesar de eso son capaces de angustiarse porque no les dejaron comprarse unos zapatos que vieron en vidriera, o por no tener la última versión de PlayStation que existe.

“Pero si no es mi problema, ¿por qué me tengo que preocupar por esas cosas?” “¡No seas tan dramática!” “Es el gobierno el que debería ocuparse."

Éstas son tres de las muchas reacciones que escuché de boca de chicos que, ante la mención del tema, respondían de esa forma. A mí me dejaron pensando: es cierto… el gobierno tiene parte de la responsabilidad, y en algunos casos hasta hace intentos por mejorar. Pero, ¿no deberíamos nosotros también hacernos cargo de lo que pasa? Es el compromiso de toda la población lo que haría posible un cambio.

Como decía, el conocer, el saber, el informarse, son cuestiones imprescindibles para cuando queremos hablar de un tema. Pero he aquí otro factor que contribuye a la ignorancia de la mayoría. El mismo gobierno, mediante los medios, prefiere no decir la verdad a la población, y engañarla con datos confusos y mayoritariamente falsos. Tal es el caso del INDEC, y de las ya incontables veces en que una noticia sobre este instituto nacional trae polémica y debates de semanas de duración, acerca de la veracidad de los datos que ésta aporta sobre la inflación y otros indicadores referidos al estado de nuestra sociedad. Los noticieros, por su parte, tampoco ayudan. Seguro se acuerdan de la noche del pasado 19 de abril, y si no, a lo mejor tienen alguna abolladura en su auto o algún vidrio roto que les sirve de ayuda-memoria. Habrán visto en la televisión, cómo afectó la tormenta a toda la Zona Norte de Buenos Aires. Se veían imágenes de techos rotos, autos agujereados y testimonios de personas que lo sufrieron en carne propia… pero, ¿alguna vez se habló de cuál fue el efecto que el granizo produjo sobre las poblaciones pobres ubicadas en los alrededores? A la hora de analizar una noticia no sólo es importante el qué se escribe en ella, sino también el qué se omite. Lo mismo pasó cuando Buenos Aires quedó prácticamente bajo agua esos días de constantes inundaciones en Febrero. Al día siguiente no se hablaba de otra cosa que de la cantidad de edificios sin luz y casas sucias que quedaron. Pero nunca se mencionó a esa parte de la población que, al parecer, conviene que pase inadvertida en ocasiones como estas. ¿Y qué me dicen de la época de la Gripe A? Apareció la nueva Gripe, y estalló el escándalo; de pronto se disponían de fondos suficientes para tratar esta nueva enfermedad, cuando desde hacía años se negaba el uso del capital nacional para el tratamiento y la cura de otro tipo de enfermedades que ya estaban instaladas en Argentina desde mucho antes, como el mal de chagas y la tuberculosis.

Sin embargo, cada tanto salen a la luz documentales que consiguen informarnos sobre qué es lo que pasa en este sector invisible de la sociedad. Tuve la suerte –o la mala suerte- de ver uno de ellos, transmitidos por Telenoche (Los argentinos sin mesa: de la pobreza a la exclusión) que, literalmente, me dejó llorando. Era tal la angustia que sentí por las cosas de las que me enteré en esos 6 capítulos de Telenoche Investiga, que no fui capaz siquiera de terminarlo de ver. Para que se den una idea, los datos son estos:

• Para el Gobierno Nacional hay entre 6 y 7 millones de argentinos que cruzan el umbral de la pobreza. Los cálculos privados aseguran que ese número es casi el doble. Sin embargo hay un dato en el que, con mínimas diferencias, coinciden todos: en la Argentina la mitad de los chicos menores de 18 años son pobres.

• La Argentina es un país tan vasto como cinco veces la república de Francia. Somos 40 millones de personas y producimos alimentos que podrían abastecer a 330 millones. Sin embargo en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, 1 de cada 5 chicos tiene problemas de desnutrición.

• Para el año 2010 la población en las villas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires se habrá duplicado respecto a la registrada en 2001.

• 200.000 personas viven en villas de emergencia en Buenos Aires; 1.200.000 en asentamientos del conurbano. Sólo en cinco años, entre 2001 y 2006, se triplicó la cantidad de villas de emergencia en esa zona.

• Son millones de argentinos sin comida, sin gas, cloacas ni agua corriente.

Fuerte, ¿no? Estos son sólo algunos datos referidos a la problemática. Si están interesados en profundizar el tema, pueden ver por ustedes mismos el documental que adjunto a través de links aquí mismo, o seguir informándose en internet.
Los invito a todos a reflexionar y a abrir sus ojos, especialmente a aquellos que antes se negaban a hacerlo.

Porque el tema nos concierne a todos. Porque no hay que perder la esperanza. Porque entre todos, podemos lograr un gran cambio.

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Links al Documental
Fuente: Youtube.
Videos del programa de Santo Biasatti, "Otro Tema". Los de Telenoche no estaban disponibles.

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6

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